Vacaciones en Familia: El TSile de Isidora GoyeneTSea

vacacionesAntes de partir hablándoles de Vacaciones en Familia, la película que nos convoca hoy, permítanme algunas líneas – lateras pero necesarias – como prólogo de lo que leerán a continuación:

No tengo nada contra la gente que vive en Vitacura, La Dehesa, Chicureo o Lo Barnechea; no me molesta la gente que maneja Audi, BMW ni Mercedes Benz; soy un personaje ordinario y corriente que – como la gran mayoría de santiaguinos – trabaja en Las Condes, vive en Santiago Centro, toma once con el pan que se compra todos los días en el negocio del barrio, y anda en metro escuchando su música de lunes a viernes en horarios punta. Remarco esto porque lo que leerán en este reviú sonará a típico discurso oxidado y archi-repetido/resentido; pero no es así, y les explicaré por qué.

Vacaciones en Familia muestra la vida de los Kelly, una familia – era que no – del barrio alto, que pasa por un periodo de vacas flacas y casas gordas, debido a que el padre perdió su pega hace unos meses, y el estilo de vida que llevaban les exige ciertos privilegios que ya no se pueden dar. Su vecina, la típica vieja gorda y achunchada por la vida de mierda que le tocó vivir, no hace más que sapearlos y competir con ellos por las chucherías materiales que consigue cada familia.

Los Kelly todos los años viajaban a veranear a Zapallar, pero este año ya no se pueden dar ese lujo, así que la madre inventa una historia para hacer creer a todo el mundo – vecina incluida – que se van a Brasil, a un balneario espectacular cerca de Sao Paulo.

El argumento es ese, y desde acá se empieza a desplegar una comedia liviana – con algunos tintes a drama a ratos – que toma una foto perfecta de la sociedad chilena de hoy en día.

No son escasas las familias que aparentan cosas tan o más terribles que éstas para sentirse parte de un estatus de vida que probablemente ya no pueden mantener. Se compran autitos caros a trescientas-cuarenta-y-cinco cuotas, para llegar a su pega con cuatro circulitos en la parte delantera y trasera de su auto, como una especie de símbolo de poder, de autoridad y de respeto.

Desde un inicio la película parte con el plano aéreo de un drone sobrevolando Isidora Goyenechea, acaso la calle más Esnob (qué bonita palabra) de todo Chile, donde sobran los Rolex, las carteras del lucho Vuitton, y las camisas Brook Brothers con colleras en las mangas usadas por un tipo como yo, pero que se gasta ¾ de su sueldo en pagar las deudas que le dejó el último fin de semana en Miami, con los amigotes que lo invitan a jugar golf los domingos por la mañana después de ir a misa. Como prediciendo lo que vendrá a continuación, porque – para qué andamos con cosas – hace rato ya que dejamos de ser los cabros simpáticos y sencillos que nos mostraba la serie Los 80’, y empezamos a ser estos seres oscuros y competitivos que luchan por un espacio en la foto anual al lado del Gerente General de la empresa. Yo trabajo en esa misma calle por donde pasó el drone al inicio de la película, y les puedo asegurar que lo que muestra Vacaciones en Familia se ve más seguido de lo que muchos se podrían imaginar.

Así que como conclusión: la película tiene un argumento muy bien pensado, basado en el libro “Vacaciones en Zapallar” de Eduardo Valenzuela Olivos. Logra sacar una foto perfecta al Chile de hoy, ese Chile lejano al pan amasado en cocina a leña de algún lugar escondido de Chiloé, y cercano al vaso de café de Starbucks con el nombre de un chileno promedio escrito en él.

Me recordó mucho a “La Viuda de los Jueves”, otro gran libro (pero Argentino) de Claudia Piñeiro, llevado al cine por Marcelo Piñeiro, que muestra un argumento similar, pero ambientado en la sociedad del otro lado de la cordillera (no, no voy a hacer chistes de la Copa América al nombrar a los argentinos).

Las actuaciones son otro punto a destacar. María Izquierdo haciendo de la madre y Julio Milostich haciendo del padre, se roban la película. Hacen volver a creer que en Chile existen actores tan buenos como en cualquier otra parte. Y que son capaces de salir de las teleseries de tvn y del trece, para mostrar sus capacidades. Alicia Rodríguez (Joven y Alocada – y rica –) también hace su pega, desarrollando un personaje de cabra chica odiosa que funciona muy bien. La música hecha por el Prisionero Miguel Tapia también anda muy bien.

En fin, como conclusión – y consejo – final que deja esta película para todo aquel que la vea: No diga Hot Dog, diga completo. Hable en español, vaya a caminar por la Alameda, cómase una mechada con puré picante en el Venezia de Pío Nono con Antonia López de Bello, que nadie lo mirará en menos por llegar a la pega con una camisa comprada en alguna tienda de La Florida o Maipú, en vez de una comprada en Nueva York, en el último viaje de negocios que aún sigue pagando en cuotas hasta cinco años más.

Escrito por Gonzalo.

Gonzalo

About Gonzalo

A ratos publicista, a ratos escritor, y en los tiempos libres, hincha de la cerveza. Me gusta el rock, la pizza, y ya dije que me gusta la cerveza?
Bookmark the permalink.