Heaven knows what: Pensaban que Trainspotting era cruda?

A pesar de lo mucho que he querido aprender, y el mucho empeño que le he puesto por entender, cacho muy poco de corrientes artísticas, que el post-impresionismo, que el hiperrealismo, que el post-ultra-anti-hiper-zorronismo. Nada. Pero creo que si esta película la pudiéramos encerrar – qué palabra más fea – en alguna corriente, quizás sería, bajo mi categorización obviamente, la de súper-híper-re-contra-realismo.

La historia cuenta la vida de Harley una mujer que vive en la calle, adicta a la heroína, y presa de todos sus fantasmas internos que no la dejan en paz. La película es tan pero tan cruda y real, que pareciera ser un docu-reality más que una película con guión propiamente tal.

Harley está enfermizamente enamorada de su novio Ilya, otro drogadicto sin hogar, cuya mayor motivación en la vida es juntar las chauchas para poder comprarse una bolsita de heroína para la noche, o dos, o tres.

Acá no hay grandes locaciones, no hay una fotografía despampanante, no hay un guión lleno de intriga y fantasía, mucho menos explosiones y metralletas. No es necesario. Es una película sin giros inesperados, en fin, sin ningún elemento estético que pueda llamar la atención, más que las actuaciones, y la más cruda y odiosa realidad. Esa realidad de miles de personas que viven invisiblemente para nosotros, los “normales”, los que andamos en la ciudad corriendo al trabajo, corriendo a la casa, corriendo al parque a sentarse veinte minutos en el pasto para almorzar en ese pequeño espacio de ventana en la pega.

En este lado de la vereda estamos nosotros, los que hacemos lo imposible por no involucrarnos con ellos, al otro lado, ahí, al frente de nuestros ojos, y sin embargo no los vemos. O bueno, hacemos que no los vemos.

Eso es esta película, una patá en la raja a todas las preconcepciones de películas de drogas, aquí no hay un mensaje tipo Requiem for a dream, moralista y casi propagandístico al final de la historia para decirte “hey niño, mantente alejado de las drogas”. No hay un giro chistoso tipo Trainspotting, para terminar con una sonrisa rechoncha de alegría. No. Aquí lo que hay es el día a día, la cotidianeidad de personas adictas a la heroína, esa cotidianeidad opresora, abismante, sin espacio a un respiro de ficción, de esperanza.

Vale la pena verla, y quizás re-verla. El manejo de la cámara lo encontré sencillamente genial, todo el rato cámara en mano siguiendo a los personajes, con sus errores, sus incoherencias, sus improvisaciones, sus recaídas. Porque joligud nos enseñó que si una persona está perdida en drogas adictivas como la heroína, basta con una limpieza, una rehabilitación, y listo, mágicamente y en un acto casi celestial, ya estás fuera de ella. Para salir de la sala de cine rechonchito de felicidad, a tomarte una, dos, ocho piscolas, hablando con los amigotes acerca de lo feo que es consumir drogas, por dios santo.

Salgamos de joligud un ratito, vean esta película.

Escrito por Gonzalo.

 

 

Gonzalo

About Gonzalo

A ratos publicista, a ratos escritor, y en los tiempos libres, hincha de la cerveza. Me gusta el rock, la pizza, y ya dije que me gusta la cerveza?
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