Code Inconnu: El cine perturbador de Michael Haneke

Hace unos cuatro o cinco años atrás en el persa bio bio, estaba en un local de películas, ahí escondido entre tanto galpón, ropa usada, cachureos, y gatos medios tuertos, escuchando a la dueña del puesto hablando con algún personaje que andaba comprando.

Recuerdo clarito lo que le dijo “Es que yo te dije que esa película te iba a gustar, te dije, te dije”. El personaje al rato después se fue, seguramente con la guatita llena y el corazón contento sabiendo que le habían recomendado una tremenda película. Y yo, de puro sapo que soy, me acerqué a la señora y le pregunté de qué película estaban hablando. Ella me quedó mirando como diciendo “Y quién re chucha es este weón”, pero después de dos segundos y media sonrisa, me dijo “Funny Games”.

Hablamos de cine por unos diez o quince minutos, me habló de este director austriaco llamado Michael Haneke, quien aparte de ser absolutamente desconocido para mí, era el creador de la película que me estaba nombrando. Mientras ella iba echando a mi bolsa todas las otras que sabiamente me iba recomendando.

Así fue como vi y me encontré con Funny Games, una película que cambió absolutamente mi visión del cine de suspenso. Bah, no sé si acaso será suspenso eso, pero algo generó en mi percepción del cine propiamente tal. Rompió esquemas, preconcepciones, aparte de dejarme con dolor de guata y ganas de vomitar como por tres días. Y no porque la película fuera sangrienta, ni mucho menos.

Bah, pareciera como si estuviera recomendándoles Funny Games, pero no. La película que les quiero recomendar hoy es una que el mismo director, Michael Haneke hizo el año 2000, llamada Code Inconnu (Código desconocido).

La historia parte con una especie de mini prólogo de tres líneas que dice “Cuentos sin terminar, de diversos viajes”. Una especie de advertencia para decirte que lo que estás a punto de ver, no necesariamente tendrá una linealidad, una temporalidad continua, una estructura con climax y desenlace, y ni siquiera un relato cronológicamente ordenado. Son simplemente fragmentos de la vida de un grupo de personas que, por alguna razón argumental, se terminan cruzando al inicio de la historia, para después conocer el pasado, presente y futuro de cada uno de ellos.

Entre esos personajes está Anne, personificada magistralmente por la talentosísima Juliette Binoche, una actriz que está en plena grabación de una película; su novio, un corresponsal de guerra; una mujer de Rumania que pide plata en las calles de Paris, un hombre de raza negra que hace clases de música a niños sordomudos, entre otros más. Todos ellos se juntan en una situación aleatoria al inicio de la historia.

Lo lindo, pero a la vez disonante de esta película, es la manera que siempre tiene Haneke de contarnos las historias, aquí las voy a resumir en dos grandes hitos qué encontré en ella:

–          El plano secuencia: Es tanto el afán de contar la realidad misma, sin más pretensiones de distintos planos y contraplanos. Todas las escenas están contadas en un constante plano secuencia, sin cortes, sin empalmes, muchas veces con la cámara quieta y los personajes moviéndose. Como queriendo hacer sentir al espectador como un personaje más de la historia. Esto no es nuevo en el cine de este señor. Siempre encuentra una manera distinta de hacerte partícipe de lo que está pasando ahí en la pantalla. Por ejemplo – mini spoiler alert – podremos ver algunos cortes en algunas secuencias, y se notan al toque, rompen esa armonía que traía la película, pero a los pocos segundos sabremos por qué se presentaron esos cortes, no fueron hechos sin querer. Simplemente hermoso. Me gusta mucho cuando el realizador juega con la psicología del espectador.

–          Los fuera de campo: Como cada escena es como un pequeño cuento en sí mismo, y el plano secuencia no termina hasta el final de cada escena, hay muchos elementos que interfieren en el argumento de la película, pero que quedan fuera del encuadre, intencionalmente claro está. Por ejemplo la cámara está siguiendo a un personaje, pero de pronto nos enteramos que algo pasa fuera del plano, un sonido, un gesto del personaje, o cualquier detalle que nos haga pensar que algo está pasando, pero que no podemos saber aún. Eso es simplemente brillante. Insisto, es como si todo el rato estuviéramos dentro de la película, como un personaje omnipresente que no habla, no interfiere, pero tampoco tiene toda la información a la mano todo el tiempo.

En fin, me podría seguir explayando al hablar de este buen hombre llamado Michael Haneke, y de esta película que sin duda es una de mis favoritas de él. Pero mejor me quedo simplemente recomendándoles este tipo de cine, alejado del susto fácil, de las risas forzadas, de las escenas llománticas para hacerte llorar. Cine que construye, y te invita a construir tú mismo la realidad que estás viendo.

Por cierto, después de ver Funny Games, regresé al local del persa, le agradecí a la señora, me recomendó otras cinco o seis películas más, las metió en mi bolsa. Y así empezó una relación conmigo mismo. Ella nunca cachó que yo volvía una vez al mes a pedirle recomendaciones, y a mí tampoco me importó explicarle que llevaba varios meses volviendo a buscar su local. Obvio, tampoco sabrá que hoy es la protagonista de este mini relato.

Escrito por Gonzalo. 

 

Gonzalo

About Gonzalo

A ratos publicista, a ratos escritor, y en los tiempos libres, hincha de la cerveza. Me gusta el rock, la pizza, y ya dije que me gusta la cerveza?
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